Archive by Author | @katakraos

Usagi Yojimbo

La leyenda del samurái contada a través de unos animalitos que, desde luego, no son Tom y Jerry. Creado por Stan Sakai alla por mediados de los 80, en principio iba a ser una serie con personajes humanos ambientada en el antiguo Japón feudal, por la época Edo, pero mientras hacía bocetos Stan se encontró con un conejo samurái de largas orejas, y esa fue la imagen distintiva de nuestro protagonista, Miyamoto Usagi, basado en parte en el que se dice que fue el mejor duelista a espada de todos los tiempos, Miyamoto Musashi. Usagi Miyamoto es un ronin, un samurái sin señor, un hombre ola, que se dedica a vagar por el país, una especie de tierra nipona fantástica, desfaciendo entuertos e intentando poner las cosas en orden a la medida de sus posibilidades.

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Soy una matagigantes

“Soy una matagigantes”, de Joe Kelly y JM Ken Kiimura nos cuenta la historia de Barbara Thorson, una chica normal y corriente, que no le teme a nada, algo friki, jugadora de rol, y con una imaginación desbordante. Asistimos a la vida diaria de Barbara, sus conflictos diarios en el instituto, su manía de no tener pelos en la lengua, sus roces con sus compañeras. Lógicamente, esto pasa porque Barbara es una chica muy especial… ¿Hemos dicho ya que se dedica a matar gigantes? Con esta premisa, que en manos de un guionista menos hábil hubiera dado una historia llena de pirotecnia vacua y sin sentido, Kelly y Niimura nos desgranan una historia que emociona, épica en su cotidianidad, maravillosamente realista en su lado fantástico.

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El sueño de Philip K.

 
Philip K. Dick. Un “artista de mierda”, en sus propias palabras, pero un escritor que, durante toda su vida, pese a su relativo poco éxito, siempre estuvo a la vanguardia de la ciencia ficción, un chamán moderno atormentado por los espíritus del tiempo que percibía, para el que la realidad no era algo de fiar, y para quien la definición de ser humano salía de enfrentarlo a qué NO era un ser humano.

Dick es un viaje lisérgico literario, una forma de hacer que pequeñas ideas supuren de tu cerebro, ramificándose y dando lugar a nuevas ideas, dejando que el lector se convierta en un igual, no un simple espectador, sino otro creador de la historia. Historias hechas para pensar, para maravillarse, para desesperarse, para encontrar la fe, para perderla, para el humor, para el amor, para la vida, para la muerte. Las facetas de Philip K. Dick son múltiples, variadas y forman un caleidoscopio de opciones, un crisol de ideas y conceptos que no se acaban en lo que imagina nuestra mente consciente. Leer Más…

Paul Pope, visiones de un antihéroe

Hablar de Paul Pope es hablar de tamizar la espiral del caos, de ver la parte más sucia de la ciudad y, sin embargo, encontrar incluso en los montones de basura y esas alcantarillas gorgoteantes una extraña belleza. El dibujo de Pope, su aspecto gráfico, tiene la extraña y paradójica cualidad de ser impecablemente claro y absolutamente sucio, una dicotomía de extremos que se aleja totalmente del estilo de línea clara y perfecta de monstruos del dibujo y la narración como Frank Quitely, pero que son parejos a este, y tremendamente personales. Un estilo que resulta a veces feísta, pero que representa un tipo de estética que se agarra a las pupilas del lector, de trazos picudos y rebeldes, líneas que en muchos casos son cicatrices y heridas sobre la página, una declaración de amor y sufrimiento. Leer Más…

El cómic como medio de expresión

El cómic. Para mucha gente no es más que algo para niños, un paso previo a la lectura de novelas, libros y otro tipo de cosas con letras, como periódicos y kindles y ese tipo de artilugios. Otra gente lo ve como un “quiero y no puedo” de gente que quizás lo que querría es dedicarse al cine. No podemos hablar por cada creador individual, y ciertamente, en algunos casos, así debe ser. Pero el cómic como tal… es mucho más que eso.

Panel educativo de Will Eisner

El cómic es un medio narrativo, que utiliza las imágenes como base para contar historias y expresar emociones e ideas. Imágenes fijas (al contrario que en el cine), y que el lector puede ir desentrañando a su propio ritmo. Imágenes, distribuidas en viñetas, y cuya magia, curiosamente, sucede entre ellas, puesto que es en estos intervalos, estos pequeños espacios en blanco (llamados “gutters” por los entendidos del medio), en los que la propia cabeza del lector ensambla las piezas narrativas que el autor le propone y crea con ellas una historia y encuentra un sentido a lo que lee y descifra.

Resulta irónico que pese a las ilimitadas posibilidades que el cómic ofrece a todo creador como medio de expresión (al igual que lo hacen la literatura, el teatro o el cine, por poner algún ejemplo emparentado con nuestro tema), durante muchos años se haya encasillado al tebeo en el género superheróico y en el humorístico, cuando realmente cualquier tipo de historia puede ser contada en forma de cómic. Lo importante es conocer bien el idioma del cómic para hacerlo de una forma eficaz y que resulte atractiva al lector, y que le empuje a leer otra viñeta más, otra página, otro volumen más. En cualquier caso, que impela al lector a llegar hasta el final de lo que le estemos contando, y que no lo suelte hasta entonces.

En cualquier caso, como decíamos, cualquier tipo de historias tiene cabida dentro del cómic. Historias de género negro futurista, con un estilo terriblemente personal, como “Heavy Liquid” de Paul Pope, de la que hablaremos próximamente; o de un cariz más sentimental, como pueda ser la grandiosa y terrible (por lo que cuenta) “Fun Home” de Alison Bechdell. O encontrar estos extremos en la obra de un mismo autor, como ocurre en “Cerebus” de Dave Sim. Y tampoco podemos olvidarnos de la aparente simplicidad y sencillez de muchas tiras cómicas, como la mítica “Peanuts” de Charles Schultz.

Superman nº 900 de DC

Finalmente, lo que le queda a un autor de historietas es el mismo reto que tiene cualquier otro creador, hacer una obra con la que se sienta satisfecho, y que deje sobre el papel lo que el autor quiere contarnos, lo que quiera hacernos entender. El reto de llegar al lector, y, de alguna forma, tocar su alma y su conciencia, ya sea para entretenerle un rato, o para compartir una revelación filosófica sobre la vida, el universo y todo lo demás. O las dos cosas a la vez, nada se lo impide, el límite lo ponen sus medios y su imaginación.

Ya hemos establecido que en realidad sí, el cómic es un medio de expresión, pero… ¿cuál es su vehículo, su soporte? ¿Han de ser publicaciones periódicas unidas por grapas o tochos carísimos editados en papel de lujo y tapa dura? ¿Es necesario el uso del papel? Ciertamente… no, ninguna de las anteriores. Ciñéndonos al cómic, se trata del medio que nos cuenta historias a través de una sucesión de viñetas. Punto. Que estas viñetas estén impresas en papel, grabadas en piedra, sean parte de un lienzo, o nos aparezcan desde la pantalla de un ordenador, es lo de menos. Tome la forma que tome, mientras una sucesión de imágenes que nos cuenten una historia, como decía Scott McCloud, será un cómic.

Y si nos emociona y nos absorbe, nos hace que nuestra imaginación vuele… merecerá la pena.